Cruising gay en madrid


El Corte Ingés de Callao, un cruising rancio y maloliente

El fenómeno, sin embargo, se extiende por toda la región. No tendrían que ver esas cosas", manifiesta una vecina del municipio. Pero lo peor es cuando se meten en los portales, o cuando no tienen cuidado y dejan los condones desperdigados por el suelo ", declara un residente del barrio. En este sentido, la lectora Mónica Salazar asegura en una carta a 20 minutos que a un amigo suyo le intimidaron en los servicios de Príncipe Pío: El pasado miércoles por la noche, este periódico pudo comprobar in situ los problemas que denuncian vecinos del Templo de Debod. Poco antes de iniciar la ruta hacia la zona, unos agentes de la Policía Nacional que patrullaban la zona avisan: Una vez allí no hubo que buscar mucho: Cuando las luces se apagan, encuentras gente para follar seguro".

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Efectivamente, no hubo que moverse mucho. Al poco, uno que iba elegantemente vestido de blanco se marchó con otros dos después de orinar junto a un seto. Lo que hicieron después, y dónde, ya forma parte de su intimidad. La Policía asegura que su labor ante este fenómeno solo puede ser preventiva: Hemos bloqueado los comentarios de este contenido.

Consulta los casos en los que 20minutos. Servicios Ed. Flipé, con emoción, la verdad. Ya haciendo zoom hacia Madrid ciudad, encontré que los lugares, se espaciaban, pero seguían siendo muchos. Algunos de de ellos me resultaban familiares: El Corte Inglés, el centro comercial de Príncipe Pío, El Templo de Debod… sitios en los que cualquier gay que se precie sabe que se cuecen habas.

Y me decidí a salir a contrastar lo que aquella web decía. Y a los parques. Estas de aquí abajo fueron mis averiguaciones.

Poblaciones donde practicar cruising en Madrid

No os voy a negar que iba hacia allí bastante nervioso. No solo iba a hacer cruising, sino que me disponía a documentarlo. Por el camino iba pensando en aquellos años de la era pre-smartphone en los que, en Madrid, bastaba con ir por la calle para ligar. Pero fui a los dos.

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Y en los dos encontré bastante chicha. Pero lo que me llamó la atención fue que uno de los dos urinarios estaba tapado con una bolsa de basura. Me pareció sospechoso, como también me lo pareció la multitud de papeles que encontré en la papelera. Es decir, en ese baño las personas se lavaban mucho las manos y les habían prohibido hacer pis una al lado de la otra. No había nadie cuando llegué, así que me instalé de pie en el meadero que no estaba inhabilitado.

Al poco rato entraron un hombre de unos cincuenta y otro de alrededor de treinta. Con la puerta abierta. Claramente, estaban deseando que me fuera. Y así hice, me fui a inspeccionar otra planta. Baños de clausura, personas meando sin mear y exceso de lavado de manos. Sólo disponía de un urinario, y estaba ocupado.

También lo estaban los dos baños, donde había personas que, o no hacían ruido al mear, o no estaban meando.

Cruising en Madrid, España

Hedor, ambiente cargado, miradas. Me puse a lavarme las manos, o a hacer como que me las lavaba, y nadie se movió. Entró un chico de unos 25 años que al ver el percal, salió en seguida, sin antes lanzarme una mirada de identificación. Decidí salir tras él, por si decidía ser mi guía hacia otras instalaciones. O por si de repente era el amor de mi vida. Cuando salí me lo encontré haciendo como que miraba las cosas que había en la planta, justo a la salida de los baños: Pero me miraba, y mucho, desde donde estaba. Al verme salir e ir hacia él, emprendió la marcha. Lejos de llevarme hacia donde yo pensé, me descubrí siguiéndole por todo el centro comercial hasta su novia, que estaba mirando, en la planta de abajo, planchas para la ropa.

Cuando entré en el baño estaba desierto. Lo consideré normal, nadie podría querer follar allí con la decoración que encontré en las paredes. Me fui a otro sitio, espantado. Un baño donde, por encima de a pis y a heces, olía a sexo. En mi época de estudiante, yo trabajé en Fnac. Era para vigilar el cruising. De todo.

Serían suficientes para lavar mi imagen a ojos del vigilante de seguridad, que sabía que sospecharía de una persona con las manos vacías. Personas allí paradas mirando sus móviles, mucho trasiego arriba y abajo de las escaleras… Y me animé, lo de la Fnac no era cruising de ollas y rellenos de sostén, era cruising intelectual.

Cuando subí, todo se desmoronó. El baño de hombres había sido, literalmente, fasciculado, para impedir cualquier interacción masculina homosexual. Habían matado al cruising. No me interesaba. Había vivido al lado y lo conocía como la palma de mi mano. Sabía que aquella misma escalera de caracol era un lugar de encuentro, y que aunque pusiera "sólo personal autorizado" el acceso no estaba cerrado por ser una salida de emergencia.

Lo sabía todo. Y todo seguía como yo lo conocía. Puede que hablando de dónde pueden ir para estar tranquilos. Puede también que hablaran del PIB mundial, aunque lo dudo.

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La planta primera estaba abarrotada, llena de señores que, seguramente, hacían sus compras navideñas. Hasta la bandera. Allí no había cruising. La combinación de niños y lugares de cruising me resultaba verdaderamente poco deseable.


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Verdaderamente aquí sí hay tomate.

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